1. Castrillo de los Polvazares (León): Tierra de arrieros y buen comer
Si hablamos de detener el reloj, nuestra primera parada obligatoria está en la provincia de León. A solo siete kilómetros y apenas seis minutos en coche de Astorga, el paisaje cambia drásticamente. El color gris del asfalto se torna en el naranja vibrante de la arcilla y la piedra: has llegado a Castrillo de los Polvazares.
Este pueblo, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1980, es la joya de la comarca de la Maragatería. Antiguamente capital de la misma, Castrillo es un ejemplo perfecto de los viajes al pasado gracias a su arquitectura popular impecable. Al cruzar el puente de piedra desde el aparcamiento, te adentras en la Calle Real, una vía empedrada a finales del siglo XIX flanqueada por casonas de arrieros de baja altura con grandes portones.
Pero aquí no solo se viaja con la vista, sino también con el paladar. Castrillo es uno de los templos gastronómicos de la región. Los visitantes acuden en masa para probar el famoso cocido maragato, un contundente plato de puchero tradicional que tiene la peculiaridad de comerse «al revés» (primero las carnes, luego los garbanzos y verdura, y finalmente la sopa).
2. Calatañazor (Soria): Donde la historia se detuvo
3. Albarracín (Teruel): La muralla inexpugnable
Frecuentemente citado como el pueblo más bonito de España, Albarracín es un monumento en sí mismo y una de las experiencias más inmersivas para quienes buscan viajes al pasado. Su arquitectura de yeso rojizo se funde con la sierra de una manera orgánica, creando un paisaje visualmente impactante.
Pasear por sus calles laberínticas, visitar su Plaza Mayor o recorrer su imponente muralla es retroceder a la época de los reinos de Taifas. La conservación es tal, que es fácil imaginar a caballeros y artesanos doblando cada esquina, ajenos a la modernidad.
4. Santillana del Mar (Cantabria): La villa noble
Conocida como la villa de las tres mentiras (ni es santa, ni llana, ni tiene mar), Santillana del Mar es un museo al aire libre. Desarrollada en torno a la Colegiata de Santa Juliana, sus calles adoquinadas y sus casonas señoriales con escudos de armas nos hablan de un pasado noble y rico.
A diferencia de otros destinos que parecen decorados de cartón piedra, Santillana respira historia real en cada rincón, siendo una parada obligatoria en el norte para entender la vida señorial de siglos atrás.
5. Frías (Burgos): La ciudad sobre la roca
6. Siurana (Tarragona): Leyendas de reinas y abismos
7. Pedraza (Segovia): El silencio de la villa
¿Por qué nos fascinan estos destinos?
La popularidad de estos pueblos radica en la autenticidad. No se trata solo de ver piedras antiguas, sino de sentir la pausa, de disfrutar de un cocido maragato hecho a fuego lento o de escuchar el eco de nuestros pasos en una callejuela desierta.
En Viajeros Curiosos creemos que planificar viajes al pasado es la mejor terapia para desconectar y recordar que, a veces, para avanzar, hay que mirar atrás.
