En un mundo dominado por la inmediatez de los vuelos y las autopistas, el ferrocarril resurge como la opción predilecta para los viajeros que entienden que el trayecto es tan importante como el destino. Sin embargo, más allá de los clásicos masificados, existen rutas de tren poco conocidas que esconden paisajes vírgenes, lujo histórico y aventuras inolvidables.
¿Cuál es el viaje en tren más bonito del mundo?
Elegir uno solo es complicado, pero si buscamos entre las rutas de tren poco conocidas para el gran público (que a menudo quedan eclipsadas por el Transiberiano), el Rocky Mountaineer en Canadá o el Tren a las Nubes en Argentina suelen llevarse la palma.
Sin embargo, para muchos expertos, el viaje más hermoso combina paisaje y exclusividad, y aquí España tiene una joya: el Transcantábrico Gran Lujo. Este tren recorre la «España Verde» desde San Sebastián hasta Santiago de Compostela. No es solo un viaje, es una inmersión en acantilados, praderas eternas y gastronomía de estrella Michelin. Mientras que otras vías buscan la velocidad, estas rutas de tren poco conocidas a nivel internacional priorizan la belleza del norte peninsular, ofreciendo una panorámica que parece sacada de un lienzo.
¿Cuál es el tren más misterioso del mundo?
El misterio en el ferrocarril está intrínsecamente ligado a la literatura y la historia. Aunque el Venice Simplon-Orient-Express es el rey indiscutible gracias a Agatha Christie, existen otras rutas de tren poco conocidas que rivalizan en enigma y atmósfera.
Lo que realmente otorga ese aire de misterio a estos trenes no es solo su destino, sino su interior. Al entrar en vagones como los del Eastern & Oriental Express o el propio Orient Express, el viajero se ve envuelto en una atmósfera de terciopelo, maderas nobles y tejidos exquisitos que absorben el sonido y el tiempo.
El mantenimiento de esta atmósfera es vital. La restauración de los tapizados originales, las cortinas pesadas y los asientos de época requiere de proveedores de altísima calidad. Es un trabajo de interiorismo textil minucioso, donde empresas especializadas, al estilo de Fernandez Textil, resultan fundamentales para proveer tejidos que resistan el paso del tiempo sin perder la elegancia clásica que define a estos trenes misteriosos. Sin esos acabados textiles perfectos, la magia y el misterio del viaje se desvanecerían.
¿Cuál es la estación de tren más bonita de España?
España cuenta con infraestructuras ferroviarias impresionantes, pero si hablamos de belleza arquitectónica e historia, la Estación Internacional de Canfranc (Huesca) se lleva el oro.
Durante décadas fue una de esas rutas de tren poco conocidas y olvidadas, un titán dormido en los Pirineos. Conocida como el «Titanic de las montañas», esta estación inaugurada en 1928 es un ejemplo majestuoso de la arquitectura industrial y palaciega. Tras años de abandono que aumentaron su leyenda, ha sido recuperada y transformada, devolviendo el esplendor a una zona fronteriza cargada de historias de espías y oro durante la Segunda Guerra Mundial.
Aunque la estación de Atocha en Madrid con su jardín tropical es espectacular, Canfranc posee el encanto de lo remoto y la elegancia de lo histórico.
¿Cuál es el tren más bonito de Europa?
Europa es la cuna del ferrocarril y alberga multitud de rutas de tren poco conocidas que son auténticas obras de arte en movimiento. Sin embargo, el título al más bonito suele recaer sobre el Glacier Express en Suiza.
Conocido como «el expreso más lento del mundo», este tren conecta Zermatt y St. Moritz. Lo que lo hace imbatible son sus vagones panorámicos con techos de cristal que llegan hasta la parte superior, permitiendo una visión de 360 grados de los Alpes suizos. Atraviesa 91 túneles y cruza 291 puentes, ofreciendo un espectáculo visual de nieve, gargantas profundas y valles alpinos.
No obstante, si buscas rutas de tren poco conocidas en el sur de Europa que rivalicen en belleza, el Tren del Duero (Linha do Douro) en Portugal es una alternativa fascinante. Pegado al río, entre viñedos escalonados, ofrece una experiencia visual cálida y mediterránea, muy diferente a la frialdad alpina pero igual de impactante.
